Para este hombre parece que no existe la derrota. Michael Schumacher volvió a triunfar ayer en el estadio de Wembley ante cincuenta mil aficionados que se acercaron hasta la primera edición londinense de esta fiesta de final de temporada. Tras un año retirado, el heptacampeón y Sebastian Vettel dieron a Alemania el triunfo en la Copa de Naciones de la Carrera de Campeones. Y lo celebró casi como cuando ganaba un gran premio de Fórmula 1, saltos en el podio incluidos.

“Cuando Sebastian me llamó al enterarse de que hacíamos equipo me preguntó cómo íbamos a preparar la carrera. Le contesté que no se preocupara, que aquí se viene a pasarlo bien y disfrutar, y que lo de menos era el resultado”, dijo Michael. Eso fue hace un par de semanas, porque ayer, al enfundarse el mono con tonalidades en blanco y negro, su gesto se volvió a transformar, emanando concentración por todos sus poros.
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